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Hombre
Serie “la familia“ P/A
Bronce
247 x 63 x 28 cm.
2004

about

En el arte prehistórico existen numerosas representaciones de animales, seres híbridos (mitad humano y mitad animal) y mujeres, pero muy pocas de hombres de cuerpo completo: antes de generalizarse la figura tallada o modelada del cuerpo del hombre, fue más presente la evocación de la masculinidad a partir de la sola figura del falo. Cuando las imágenes masculinas comenzaron a ser más frecuentes en las culturas antiguas, éstas tendieron más a representar a personalidades (como dignatarios) u oficios (como el del cazador), más que a la masculinidad de manera genérica o ideal. Incluso en el arcaico arte mediterráneo de las Cícladas – en el que Soriano se inspira frecuentemente cuando aborda el cuerpo humano – dominan los motivos femeninos.

No obstante que la representación escultórica de la Grecia antigua del cuerpo masculino se inspiraba y evocaba dioses y atletas o guerreros famosos, es la cultura helénica la primera en concebir al cuerpo del hombre como un ideal genérico, mismo que determinaría una parte fundamental de su visión estética desde el periodo arcaico entre los siglos VIII y VI a.C., se empezaron a desarrollar las esculturas del género “kuroi” (muchachos), mismas que fueron el antecedente de las grandes obras de tema masculino en la posterior Grecia clásica.

Los “kuroi” se basaron en el arte egipcio y en su “ley de frontalidad”; la representación frontal y simétrica, con los brazos generalmente plegados hacia los costados del cuerpo. Asimismo, los antiguos escultores griegos depuraron un aspecto que empezó a asomarse en el arte egipcio: una de las piernas presenta un ligero desplazamiento hacia adelante y con respecto al resto del cuerpo. Más allá de que este desplazamiento propone un gesto discreto de dinamismo en relación con el sereno estatismo general de la escultura, también éste respondía a un problema técnico de una figura erguida: en el momento que una gran escultura humana “de bulto” (liberada del apoyo de un muro) tiene que sostener todo su peso de piedra o barro sobre un par de piernas, tobillos y pies, resulta conveniente que los miembros inferiores se encuentren ligeramente desplazados sobre una base con el fin de mejorar su estabilidad. Este recurso del pie desplazado fue luego extendido y desarrollado por los escultores clásicos griegos hacia el “movimiento” dinámico de las caderas y las articulaciones, produciendo esa combinación equilibrada entre estabilidad y dinamismo que tanta influencia ha tenido en el arte occidental.

Con un estilo en el que se descartan los rasgos del rostro y los genitales son incipientemente sugeridos – este Hombre de Soriano evoca un momento arcaico en el proceso de la representación idealizada del cuerpo masculino, proceso que, como se indicaba, es de origen mediterráneo. La obra sugiere una idealización formal de lo masculino atemporal, en el sentido de “fuera del tiempo” (moderna y arcaica simultáneamente), al tiempo que su gran tamañ, ligeramente fuera de lo “normal”, refuerza una intuición de estar frente a un cuerpo entre lo humano y su divinización.

Jardín escultórico

El jardín escultórico es un espacio público y gratuito que conecta el poblado de Amatitlán con el Centro Histórico de Cuernavaca. Es un espacio recreativo, de descanso, reflexión y disfrute de más de 4000 m2 que alberga 17 esculturas de gran formato de Juan Soriano. Su diseño integra la diversidad vegetal, un apantle de cauce natural y especies provenientes de regiones con clima similar al de Cuernavaca.