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Luna I / VI
Bronce
168 x 107 x 102 cm.
2005

about

La luna fue identificada por muchas culturas antiguas como una divinidad femenina dominando la noche, en contraposición al día y al sol “masculino”. El ciclo de sus fases de 28 días, base original del periodo del mes, coincidía aproximadamente con el menstrual por lo que también a la luna se la relacionaba con la virginidad. Los pueblos semíticos, como el judío y el árabe, basaron su calendario religioso en el ciclo lunar, muchas representaciones de la Virgen María colocan a sus pies el contorno de una luna creciente, que es también uno de los símbolos del islam.

El nombre luna proviene del griego Selene y del latín Luna, ambos designando a una diosa muy antigua, casi siempre retratada llevando una larga túnica que desplegaba durante su viaje nocturno. Siendo la noche el momento de mayor actividad de muchos depredadores, en el Mediterráneo se vinculó a la luna con la cacería, Selene fue sustituida en la mitología griega por Artemisa, llamada Diana por los latinos. Muchas culturas imaginaron rostros y animales estampados en el disco lunar; los mexicas – pueblo cuyo nombre estaba relacionado con la luna – adivinaban el contorno de un conejo o liebre.

Soriano combina de una manera muy estilizada los cráteres lunares – uno de los aspectos visibles más característicos de nuestro satélite – con dos formas ancestrales de su representación: el disco (o plato) y la humanizada (antropomórfica), sugiriendo la aparición de un rostro sobre una cresta o falda alada. Algunas cerámicas primitivas de la cultura micénica (llamadas “figuras psi”, por la letra griega) representan muy simplificadamente a mujeres con los brazos abiertos de una manera similar a las crestas de la Luna de Soriano.

Una versión monumental de una Luna de Soriano se instaló en 1996 en la plaza de acceso del Auditorio Nacional de la Ciudad de México.

Jardín escultórico

El jardín escultórico es un espacio público y gratuito que conecta el poblado de Amatitlán con el Centro Histórico de Cuernavaca. Es un espacio recreativo, de descanso, reflexión y disfrute de más de 4000 m2 que alberga 17 esculturas de gran formato de Juan Soriano. Su diseño integra la diversidad vegetal, un apantle de cauce natural y especies provenientes de regiones con clima similar al de Cuernavaca.