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Pájaro III (caminando),

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Más allá del interés simbólico, histórico, anecdótico o sentimental que los pájaros pudieran haber representado para Soriano, resulta claro también que su continua representación de estos animales se fundamentó en motivos meramente formales. A este artista le apasionó la configuración de los elementos de sus cuerpos y sus maneras de desplazamiento, al tiempo que – a la manera de Picasso, su gran paradigma artístico – se desinteresó completamente en replicar de manera anatómicamente realista o naturalista a sus modelos. Asimismo, el tránsito de su obra escultórica de la cerámica al bronce no sólo significó – más allá de los costos de producción – la posibilidad de presentar su obra tridimensional a otra escala y en entornos al exterior, sino también una ampliación de las posibilidades técnicas y formales: el modelado de las largas patas de aves como la garza o el ibis resulta bastante más factible en bronce que en cerámica. Por otro lado, Soriano no fue muy afín a las técnicas mixtas, tan recurridas por otros escultores modernos, prefiriendo la perdurable estabilidad de las técnicas “clásicas”.

No obstante de esta solidez estructural garantizada por el material, el artista mantiene el interés en expresar la gracia que se conjunta a partir de la particular relación de volúmenes sostenidos por formas esbeltas, una belleza producto de la solidez y la fragilidad que en la naturaleza dura un momento y que su arte aspira a perpetuar.

Jardín escultórico

El jardín escultórico es un espacio público y gratuito que conecta el poblado de Amatitlán con el Centro Histórico de Cuernavaca. Es un espacio recreativo, de descanso, reflexión y disfrute de más de 4000 m2 que alberga 17 esculturas de gran formato de Juan Soriano. Su diseño integra la diversidad vegetal, un apantle de cauce natural y especies provenientes de regiones con clima similar al de Cuernavaca.